Tus hijos no necesitan que siempre estés juzgando y criticando en silencio -ni a ti misma ni a ellos. Eso te mantiene criando sólo desde una mente agobiada, rígida e insegura.
Te necesitan serena y confiada, con esa energía de adulta presente que, incluso en medio del caos, transmite algo profundo y reparador: “Vamos bien”
¿Y cómo lograrlo? Te cuento: